Autoliderazgo: dejar de vivir en piloto automático
- Nacho Martín

- hace 15 minutos
- 3 Min. de lectura
“Con los años descubres que solo somos las vivencias que nos dieron forma”.
Hay un momento —no suele avisar— en el que uno deja de preguntarse qué le pasa y empieza a preguntarse qué le pasó. No llega con un cumpleaños concreto ni con una arruga nueva. Llega, más bien, cuando algo se repite. Cuando reaccionamos igual ante situaciones distintas. Cuando nos descubrimos defendiendo lo indefendible o huyendo justo de aquello que decimos desear.
Entonces aparece la sospecha: quizá no somos tan libres como creemos. Quizá no elegimos tanto como pensamos. Quizá, como dice la frase, solo somos las vivencias que nos dieron forma. No para resignarnos. Sino para empezar a liderarnos de verdad.

1. La arcilla invisible: las vivencias que nos moldearon
Imagina por un momento que cada experiencia importante de tu vida fue una mano sobre la arcilla. Una mirada que te sostuvo. Una ausencia que dolió. Una palabra que marcó. Un fracaso que avergonzó. Un éxito que te hizo sentir, por fin, suficiente.
Con el tiempo, esa arcilla se endureció y pasó a llamarse carácter, personalidad, manera de ser. Pero debajo de esas etiquetas siguen estando las huellas.
Muchas de las decisiones que hoy tomas —o evitas— no nacen en el presente, sino en escenas pasadas que siguen activas en tu interior. No como recuerdos nítidos, sino como automatismos emocionales.
¿Desde dónde eliges cuando dices que no puedes?¿A qué vivencia antigua obedeces cuando te esfuerzas en exceso por agradar?¿A quién estás protegiendo cuando te cierras?
Autoliderarse empieza por aceptar una verdad incómoda y liberadora a la vez: no partimos de cero, partimos de historia.
2. El piloto automático: cuando el pasado decide por ti
Hay personas que viven como si condujeran con el piloto automático activado. No porque no sepan conducir, sino porque un día aprendieron que era más seguro no tocar el volante.
El problema no es el piloto automático. El problema es no saber que está encendido.
Muchas de nuestras reacciones actuales son respuestas antiguas a contextos que ya no existen:
Callar para evitar conflicto.
Controlar para no sentir miedo.
Exigir para no volver a sentir carencia.
Aplazar para no arriesgar
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El pasado fue un gran maestro. Pero un pésimo jefe si le dejamos tomar todas las decisiones.
Autoliderazgo no significa borrar lo vivido, sino revisar los contratos invisibles que firmamos con nosotros mismos cuando no sabíamos hacerlo mejor.
¿Qué promesa silenciosa hiciste para sobrevivir… y sigues cumpliendo aunque ya no la necesites?¿Qué parte de ti sigue actuando como si aquel escenario aún estuviera activo?¿Quién tomaría hoy la decisión si no lo hiciera tu miedo aprendido?
3. Reescribir sin borrar: elegir desde la conciencia
Autoliderarse no es cambiar de vida. Es cambiar de lugar interior desde el que se vive.
No se trata de negar lo que te pasó, sino de integrarlo sin que te gobierne.De agradecer la función que tuvo… y soltar el control que ya no necesita ejercer.
Como ese bastón que ayudó a caminar tras una caída, pero que años después limita más de lo que ayuda.
El verdadero giro ocurre cuando te preguntas:
¿Esta decisión nace de quien soy hoy o de quien fui?
¿Esto lo elijo o simplemente lo repito?
¿Qué haría si no necesitara demostrar, protegerme o compensar nada?
Autoliderazgo es el arte de pasar del “esto soy” al “esto elijo ser”, sin violencia, sin juicio, sin prisas. Porque cuando tomas conciencia de tus vivencias, dejan de empujarte por la espalda y empiezan a caminar a tu lado.
Conclusión: liderarte es honrar tu historia sin vivir atrapado en ella
Con los años descubres que no eres tus títulos, ni tus logros, ni tus errores. Descubres que eres el resultado de muchas escenas… y de las decisiones que tomas hoy frente a ellas.
Las vivencias te dieron forma, sí. Pero la conciencia te da dirección.
Autoliderarse no es corregir el pasado, sino mirarlo de frente y decirle:“Gracias por traerme hasta aquí. A partir de ahora, elijo yo”.
Y quizá ese sea el mayor acto de madurez: dejar de vivir reaccionando a lo que fuey empezar a vivir respondiendo a lo que quieres ser. Porque no somos solo las vivencias que nos dieron forma. Somos, también, la capacidad de darles un nuevo sentido.






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