Cuando la innovación no llega a las calles: Andorra ante el espejo
- Nacho Martín

- 14 dic 2025
- 4 Min. de lectura
"La innovación es como la luz del alba: si no la ves reflejada en las calles, es que todavía no ha salido el sol."
Nacho Martín
Xavier Ferrás, en su artículo "¿Turboeconomía de la Innovación?" publicado el 7 de diciembre de 2025 en "La Vanguardia" , describe una paradoja inquietante: España ha invertido más en I+D que nunca, pero la productividad no crece, las clases medias se desvanecen y los sectores poco cualificados se expanden como hierba que lo invade todo. Se corre, sí —pero sin moverse.
Es la imagen de un país que acelera en una rotonda: mucha energía, pero ninguna dirección.
Cuando miramos Andorra, podemos leer esta advertencia como quien lee un mapa del futuro. El país ha presentado un ambicioso Plan Nacional de Innovación y Diversificación que prevé aumentar la inversión en I+D hasta el 7-8% del Producto Interior bruto (PIB) en los próximos 10 años. Es un paso gigante. Pero Ferrás nos recuerda en su artículo que la innovación no es una línea en los presupuestos: es un modelo social y productivo.
Y sólo funciona cuando cambia la vida de la gente. Si no llega a las calles, es decoración.

1. Innovar es transformar: no basta con crecer
Ferrás lo dice sin ataduras: los países innovadores no son los que gastan más, sino los que convierten este gasto en productividad, salarios dignos y sectores de alto valor añadido.
Cuando esto falla, pasa lo que estamos viendo:
crecimiento de trabajos de bajo valor
precariedad laboral normalizada (temporalidad, alta rotación, sueldos insuficientes)
pérdida de la clase media
endeudamiento estructural
burocracia que ahoga la actividad
economía que crece sin prosperidad
En el IX Informe Foessa sobre Exclusión y desarrollo social presentado por Cáritas Española el 2 de diciembre de 2025 esta entidad viene a decirnos que incluso tener trabajo y una vivienda ya no garantizan una vida digna.
Y es aquí donde Ferrás y Cáritas creo que coinciden: hay que repensar el modelo social y productivo. No basta con crecer; hay que hacerlo en la dirección correcta, asegurando equidad, justicia social y sostenibilidad.
Porque —y esta es una frase que quizás debería colgarse en los despachos de quienes deciden—: la pobreza y la innovación no pueden convivir en la misma casa.
Andorra no es España, pero puede caer en la misma trampa. Si el modelo económico continúa apoyándose en sectores poco productivos que acumulan empleo poco cualificado, el país puede ver como la base de su prosperidad —la clase media— se va erosionando.
Es una semilla pequeña, pero los malos modelos también germinan.
2. Andorra: del riesgo de la rotonda al camino de la dirección compartida
El Plan Nacional de Innovación de Andorra es un punto de partida excepcional: identifica sectores de futuro, refuerza núcleos innovadores y marca un nivel de inversión a medio plazo en I+D que muchos países envidiarían. Pero aquí dejo ir mi pensamiento con fuerza: una estrategia de innovación no puede depender de un gobierno que dura cuatro años.
Debe ser política de Estado. Blindada. Transversal. Y sobre todo, accionada. Porque la innovación no espera. Y si no la hacemos nosotros, la harán otros. A la velocidad que va el mundo, no avanzar es retroceder.
El actual plan de innovación no es una propuesta nueva de 2025: se asienta sobre la Estrategia Nacional de Innovación y Emprendimiento 2021-2030, que se elaboró con la participación de más de 40 agentes públicos y privados. Ahora bien, su implementación hasta ahora ha sido bastante lenta, a mi juicio.
El impacto práctico todavía es reducido si lo comparamos con el reto global que tenemos por delante: transformar el modelo productivo del país y asegurar que los resultados de la I+D+i se conviertan en valor económico real.
El 10 de octubre de 2025, el Gobierno de Andorra, junto con Andorra Business y Andorra Recerca i Innovació presentaron ante la Comisión Legislativa de Economía del Consell General el Plan Nacional para la Innovación y la Diversificación, el cual da respuesta a la encomienda aprobada por el Consell General el 19 de junio de 2024.
Por lo tanto, esta presentación ya no es sólo un acto protocolario. Es un acto de carácter político e institucional transversal, para que no dependa de quien gobierne, que tenga continuidad, y que gane consenso amplio entre fuerzas políticas y actores sociales.
Andorra tiene una ventaja enorme: es lo suficientemente pequeña para moverse rápido y lo suficientemente abierta para competir globalmente. Pero esta virtud también esconde fragilidad: si el país no genera sectores de valor añadido, quedará atrapado en un modelo de mano de obra poco cualificada, salarios tensados por el coste de vida, talento que marcha y una clase media que se debilita.
Ferrás lo resume así: si el sistema no traduce la inversión en I+D en productividad real, todo se desinfla.
Por eso Andorra debe evitar repetir el patrón español. Andorra tiene que invertir, sí. Pero invertir con dirección. No debe acelerar sino orientar bien. No debe hacer más sino "hacer mejor".
Un país innovador no es un país que produce apps; es un país que produce bienestar. Y eso sólo ocurre cuando:
hay sectores intensivos en conocimiento
se atrae y se retiene talento
las empresas pueden crecer y competir
la burocracia no frena sino impulsa
las clases medias se refuerzan
la innovación se ve en las calles, no sólo en los discursos
Andorra puede —y debe— construir esta "orquesta social" de innovación: administración, empresas, universidades, emprendedores, sectores emergentes, talento local e internacional. Si tocan juntos, habrá buena música. Si tocan solos, habrá sólo ruido.
3. Conclusión: innovar es una forma de querer y de abrazar el futuro
La innovación no es una moda ni un decreto: es una apuesta existencial. Es aquel acto profundo de decir: quiero que quienes vendrán vivan mejor de lo que hemos vivido nosotros.
Ferrás me recuerda que la innovación es la única fuerza capaz de sostener clases medias fuertes, democracias sanas, sociedades justas y economías resilientes.
Andorra tiene una oportunidad de las que no vuelven: construir un nuevo modelo productivo antes de que las tensiones sociales, el coste de la vida o la falta de valor añadido empiecen a pesar demasiado.
La pregunta no es si innovaremos, sino si lo haremos a tiempo y con dirección. Porque, como dice un viejo dicho de montaña: "El mejor momento para encender una farola es antes de que llegue la niebla."
Andorra está a tiempo de encenderla. Ahora hay que caminar hacia la luz de esta farola.






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