Superclústeres e innovación: cómo la concentración territorial redefine la prosperidad global
- Nacho Martín

- 28 dic 2025
- 4 Min. de lectura
En el artículo “Súperclusters globales de innovación”, su autor, Xavier Ferràs, reconocido académico y experto en innovación, gestión tecnológica y estrategia empresarial, plantea una tesis clara: la innovación global ya no se reparte entre países, sino que se concentra en superclústeres territoriales capaces de capaces de alinear talento, capital riesgo, conocimiento científico y decisión política.
Para un país como Andorra, pequeño en tamaño pero ambicioso en visión, la pregunta no es si podemos competir en volumen, sino si sabemos competir en foco. Porque cuando los recursos son limitados, la estrategia deja de ser un lujo y se convierte en una necesidad vital.
Muchos de estos hubs — especialmente en Asia como el caso de Shenzhen — eran irrelevantes hace apenas unas décadas y hoy lideran la frontera tecnológica gracias a políticas sostenidas, liderazgo estratégico y ecosistemas sin silos, donde investigación, industria y financiación interactúan de forma constante.
La innovación, concluye Ferràs, no es un subproducto académico ni un desbordamiento espontáneo del conocimiento, sino un fenómeno social de proximidad, acelerado allí donde el Estado actúa como emprendedor y la I+D se entiende como infraestructura crítica de país.

1. Qué es un superclúster en la economía de la innovación actual
En el contexto del Global Innovation Index 2025, un superclúster de innovación no es un parque tecnológico ni una suma de startups con espíritu emprendedor y buenas intenciones. Es un ecosistema territorial de alta densidad innovadora donde, de forma continua, convergen:
Empresas con capacidad real de I+D y de escalar sus negocios.
Universidades y centros de conocimiento (institutos de investigación aplicada, laboratorios de innovación, think tanks sectoriales) conectados al mercado.
Capital riesgo especializado en sectores concretos (tecnología, biotecnología, IA, energías limpias, etc.) y que sabe que desarrollar un producto, escalar una tecnología o consolidar un ecosistema lleva tiempo.
Talento global que circula con fluidez. Es decir, personas altamente cualificadas —emprendedores, investigadores, ingenieros, directivos tecnológicos— entran, salen y regresan al territorio sin fricciones excesivas.
Administraciones públicas ágiles, capaces de experimentar y asumir riesgos. En otras palabras, administraciones públicas con capacidad para tomar decisiones rápidas, lanzar proyectos piloto, evaluar resultados y asumir riesgos controlados en favor de la innovación.
Un superclúster produce innovación de manera sistémica, no ocasional o dispersa. No depende del genio individual, sino de una red social profesional en la que las ideas encuentran rápidamente industria, financiación y clientes. Por eso los grandes hubs asiáticos o Silicon Valley concentran patentes, ciencia y capital: porque allí innovar no es algo heroico, es algo cotidiano.
La lección para países pequeños como Andorra es nítida: no es una cuestión de tamaño, sino de densidad, confianza y coherencia estratégica.
2. Beneficios y retos de los superclústeres para los países
Los países que logran consolidar superclústeres obtienen beneficios estructurales de gran calado:
Ventaja competitiva sostenible, basada en conocimiento y velocidad.
Atracción y retención de talento global, incluso sin grandes mercados internos.
Aumento de productividad y salarios, con impacto directo en el Producto Interior Bruto (PIB).
Influencia en estándares tecnológicos y cadenas de valor globales.
Mayor resiliencia económica, al innovar incluso en contextos de crisis.
Efecto arrastre sobre sectores tradicionales que se transforman.
Reputación país, asociada a futuro y no solo a pasado.
Estos beneficios vienen acompañados de retos: concentración territorial, presión sobre infraestructuras, riesgo de dependencia excesiva de ciertos sectores o de dominio o control del ecosistema por grandes empresas, corporaciones o entidades con mucho poder económico. Un superclúster no se crea y se abandona: se gobierna, se cuida y se renueva.
Para Andorra, además, existe un desafío específico: la escala económica. Nuestro PIB y nuestro presupuesto de gasto público son reducidos en comparación con los grandes países líderes en innovación. Incluso una apuesta ambiciosa —como destinar progresivamente entre un 7 y 8 % del presupuesto público a innovación en la próxima década—, siendo valiente y necesaria, no será suficiente si se dispersa. Cuando no se puede apostar por todo, hay que apostar muy bien por algo.
3. Andorra ante el reto del foco: menos dispersión, más estrategia
El Plan Nacional de Innovación y Diversificación 2021-2030, revisado en 2025, marca una dirección clara: avanzar hacia un hub tecnológico y de innovación apoyado en infraestructuras, talento y nuevos marcos regulatorios. El reto ahora no es declarativo, sino estratégico y selectivo.
Andorra no debe replicar modelos de superclúster generalista. Su oportunidad pasa por especializarse en pocos sectores, donde su tamaño, proximidad y calidad institucional jueguen a favor. Sectores donde el valor no dependa de grandes volúmenes industriales, sino de conocimiento, confianza y capacidad de integración: tecnologías digitales avanzadas, ciberseguridad y confianza digital, servicios financieros innovadores, turismo inteligente, bienestar y longevidad, sostenibilidad en entornos de montaña. Dos o tres sectores bien elegidos, con ambición global.
En este camino, hay pilares irrenunciables:
Talento como política de Estado. Atracción internacional selectiva, retorno del talento andorrano y desarrollo de capacidades locales avanzadas para construir masa crítica allí donde se decide competir.
Universidad y centros de conocimiento conectados al mercado.se necesita menos transferencia tecnológica formal — papers que no salen del cajón, patentes que no encuentran empresa — y más coproducción de soluciones reales con el mercado, la innovación deja de ser un acto académico para convertirse en un proceso vivo. El conocimiento no se transfiere al final: se crea conjuntamente desde el inicio.
Administración pública como facilitadora y experimentadora.Andorra dispone de un marco legal que permite entornos controlados de prueba (sandbox). El salto decisivo no es normativo, sino cultural: usar estos instrumentos como palancas reales para testar tecnología, modelos de negocio y servicios en condiciones reales, con rapidez y aprendizaje efectivo.
4. La ventaja de elegir
Asia nos ha demostrado que la innovación no es una cuestión de herencia cultural, sino de decisiones sostenidas en el tiempo. Shenzhen no nació innovadora; lo decidió.
Andorra no será nunca un superclúster por su tamaño ni por su presupuesto, sino por su capacidad de elegir, concentrar y ejecutar con coherencia.
Porque cuando un país pequeño intenta hacerlo todo, se diluye. Y cuando elige bien, multiplica su impacto.






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