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El liderazgo empieza donde acaba el ego

Foto del escritor: Nacho Martín
Nacho Martín
hace 20 horas
5 min de lectura

¿Por qué los mejores líderes dejan de ser protagonistas para conseguir que los demás también brillen?


1.  La paradoja del liderazgo


Hay una paradoja en el mundo de la dirección empresarial: muchas personas aspiran a ocupar posiciones de liderazgo, pero no todas están preparadas para asumir lo que realmente significa liderar.


Porque liderar no consiste en tener siempre la razón, ser quien más sabe, tomar todas las decisiones o conseguir que los demás reconozcan nuestra autoridad. Liderar implica, sobre todo, entender que el éxito individual deja de ser suficiente cuando tenemos la responsabilidad de conducir a un equipo.


En ocasiones, el principal obstáculo para ejercer un buen liderazgo no es la falta de conocimientos, experiencia o capacidad de gestión. Es algo mucho más difícil de reconocer: el propio ego. Esa necesidad de tener razón, de controlar cada detalle, de recibir reconocimiento o de ocupar permanentemente el centro de atención.


El ego puede convertir a un buen profesional en un mal líder. Puede dificultar la comunicación, limitar la autonomía de los equipos y generar culturas organizativas donde las personas prefieren obedecer antes que proponer.


Por eso, hay una idea que merece una reflexión: el liderazgo empieza donde acaba el ego. No porque un líder deba renunciar a su personalidad, ambición o autoridad, sino porque debe comprender que su verdadera contribución ya no se mide únicamente por lo que consigue individualmente, sino por lo que es capaz de conseguir a través de los demás.


Foto sobre liderazgo creada con la IA de ChatGPT
Foto sobre liderazgo creada con la IA de ChatGPT

2. El ego: el enemigo silencioso del liderazgo


El ego no siempre se manifiesta mediante la arrogancia o el comportamiento autoritario. A veces adopta formas mucho más sutiles: un directivo que interrumpe constantemente, que necesita tener la última palabra, que no acepta fácilmente las críticas o que interpreta cualquier discrepancia como un cuestionamiento de su autoridad.


También aparece en quien delega tareas, pero no responsabilidades; en quien exige iniciativa, pero penaliza los errores; o en quien se rodea de personas que siempre están de acuerdo con sus decisiones.


El problema es que estas actitudes tienen consecuencias organizativas. Cuando un responsable necesita controlar todo, el equipo pierde autonomía. Cuando no acepta cuestionamientos, la innovación se debilita. Cuando se apropia de los éxitos y atribuye los errores a los demás, la confianza desaparece.


Robert K. Greenleaf, impulsor del concepto de Servant Leadership o liderazgo servicial, defendía una visión diferente: el líder debe poner su capacidad y autoridad al servicio del desarrollo de las personas. No se trata de dirigir para satisfacer las propias necesidades de reconocimiento, sino de crear las condiciones para que los demás puedan crecer y aportar lo mejor de sí mismos.


Esto exige una competencia fundamental: la humildad. No entendida como falta de ambición o inseguridad, sino como la capacidad de reconocer que no tenemos todas las respuestas, que podemos equivocarnos y que el talento de un equipo siempre será superior al de una sola persona cuando se consigue movilizar adecuadamente.


Cuando un líder necesita ser siempre la persona más inteligente de la sala, probablemente está desaprovechando el talento de todos los demás.


3. Liderar no es brillar más, sino hacer brillar a los demás


Uno de los cambios más importantes en la evolución de un directivo consiste en pasar de demostrar su propio valor a desarrollar el potencial de las personas que forman parte de su equipo.


Este cambio se refleja en comportamientos concretos:


Escuchar antes que imponer. Un líder no tiene que ser quien más habla, sino quien mejor escucha. Escuchar implica estar dispuesto a cuestionar las propias ideas y aceptar que una buena propuesta puede venir de cualquier persona de la organización, independientemente de su posición jerárquica.


Confiar antes que controlar. Delegar no consiste simplemente en distribuir trabajo. Significa otorgar autonomía, compartir responsabilidades y permitir que las personas tomen decisiones. La confianza no elimina la supervisión, pero transforma su propósito: deja de ser un mecanismo de control para convertirse en una herramienta de acompañamiento.


Reconocer antes que competir. Los líderes inseguros pueden sentirse amenazados por el talento de sus colaboradores. Los buenos líderes, en cambio, lo identifican, lo desarrollan y lo reconocen. No necesitan apropiarse de los éxitos del equipo porque entienden que su propia credibilidad también se construye a través de los logros colectivos.


Aprender antes que defenderse. Amy Edmondson, profesora de Harvard, ha demostrado la importancia de la seguridad psicológica en los equipos. Cuando las personas pueden expresar dudas, reconocer errores o plantear discrepancias sin temor a represalias, se generan mejores condiciones para aprender e innovar. Y esto empieza por líderes capaces de reconocer sus propias limitaciones.


El liderazgo no pierde autoridad cuando escucha, reconoce o delega. Al contrario, gana legitimidad.


El ego quiere reconocimiento. El liderazgo busca resultados colectivos.


4. Del liderazgo del yo al liderazgo del nosotros


La transformación del liderazgo individual hacia un liderazgo colectivo no se produce mediante grandes discursos, sino a través de pequeñas decisiones cotidianas.


Se manifiesta cuando un directivo reconoce públicamente la aportación de un colaborador, cuando consulta al equipo antes de tomar una decisión relevante o cuando asume personalmente la responsabilidad de un resultado negativo en lugar de buscar culpables.


También cuando permite que alguien de su equipo tenga más conocimientos que él en una determinada materia, cuando acepta una crítica constructiva o cuando comprende que desarrollar a una persona significa, en ocasiones, prepararla para asumir responsabilidades que antes eran exclusivamente suyas.


Liz Wiseman, en su libro “Multiplicadores: cómo los mejores líderes hacen que todos sean más inteligentes”, diferencia entre líderes que multiplican la inteligencia y las capacidades de las personas y aquellos que, consciente o inconscientemente, las reducen al concentrar todas las decisiones y el protagonismo.


La diferencia no está necesariamente en los conocimientos o la inteligencia del directivo, sino en cómo los utiliza.


Un líder multiplicador no necesita ser imprescindible. Su objetivo es construir equipos capaces de pensar, decidir, aprender y actuar con autonomía. No busca acumular seguidores, sino desarrollar personas con criterio, iniciativa y responsabilidad.


Esto no significa renunciar a la exigencia, evitar los conflictos o dejar de tomar decisiones difíciles. La humildad no es debilidad y la confianza no implica ausencia de responsabilidad.

Un líder debe establecer prioridades, marcar objetivos, exigir resultados y asumir las consecuencias de sus decisiones.


Pero puede hacerlo sin convertir su autoridad en una demostración permanente de poder.

El verdadero liderazgo se construye cuando el directivo deja de preguntarse cuánto reconocimiento recibe y empieza a preguntarse cuánto talento está ayudando a desarrollar.


5. Conclusión: el verdadero legado de un líder


El ego nos impulsa a demostrar lo que somos capaces de hacer. El liderazgo nos invita a descubrir lo que podemos conseguir juntos.


Las organizaciones necesitan directivos con conocimientos, visión estratégica, capacidad de decisión y determinación. Pero necesitan, sobre todo, personas capaces de poner esas competencias al servicio de un propósito compartido.


Porque el éxito de un líder no debería medirse únicamente por los resultados que consigue mientras está al frente de un equipo, sino también por la capacidad que deja instalada en las personas para seguir creciendo cuando él ya no está.


Quizás esa sea una de las mayores paradojas del liderazgo: cuanto menos necesitas ser el protagonista, mayor puede llegar a ser tu impacto.


Y tú, cuando lideras, ¿estás construyendo un equipo que necesita de ti para funcionar o un equipo que es capaz de crecer gracias a ti?

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