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Liderazgo: cuando la escalera se convierte en jaula

  • Foto del escritor: Nacho Martín
    Nacho Martín
  • hace 1 día
  • 3 Min. de lectura

Dicen que hubo un hombre que pasó media vida subiendo una montaña. Era fuerte, disciplinado, incansable. Cada paso lo había dado gracias a una escalera que él mismo había construido: peldaño a peldaño, éxito a éxito.


Un día llegó a la cima. Y entonces ocurrió algo extraño. La escalera, que hasta ese momento había sido su aliada, empezó a pesarle. No le permitía moverse. No le dejaba ver más allá. No le dejaba crecer.


Lo que antes lo había elevado, ahora lo mantenía atrapado.


Marshall Goldsmith, autor, coach ejecutivo norteamericano y uno de los mayores referentes mundiales en liderazgo, lo expresó con claridad en su libro “What Got You Here Won’t Get You There”: “Lo que te trajo aquí no te llevará allí.”.


En otras palabras, las conductas que te han hecho tener éxito en el pasado pueden ser las que te impidan crecer más.


Dicho sin metáforas, suena duro. Dicho con la vida por delante, es profundamente humano. Y quizá esa frase no habla solo de liderazgo. Quizá habla de nosotros.


Foto de Freepik - Hombre subiendo una montaña
Foto de Freepik - Hombre subiendo una montaña

1. El martillo que solo ve clavos


Cuando alguien encuentra una forma de tener éxito, suele convertirla en identidad. “Soy exigente.” “Soy rápido.” “Soy perfeccionista.” “Soy el que resuelve.”“Soy el que decide.”


Y durante años, funciona. El problema no aparece mientras estás subiendo.Aparece cuando ya estás arriba… y sigues usando las mismas herramientas.


El martillo fue útil cuando había clavos. Pero cuando llegan los cristales, los relojes o las semillas, el martillo empieza a romperlo todo.


Muchos líderes fracasan no por falta de talento, sino por exceso de una virtud que ya no sabe transformarse:

  • La exigencia se convierte en dureza.

  • La rapidez en impaciencia.

  • El control en desconfianza.

  • La seguridad en soberbia silenciosa.


Goldsmith observa algo incómodo: los líderes más brillantes suelen estar emocionalmente casados con sus hábitos ganadores.


Y entonces aparece la pregunta que rara vez se formula en una sala de juntas:

¿Qué parte de lo que hoy te da poder es la misma que te está quitando influencia?


2. El éxito como techo invisible


Hay un tipo de fracaso que no se nota. No hace ruido. No provoca despidos.No sale en los informes. Es el fracaso de seguir teniendo éxito… sin evolucionar.


Ese líder que:

  • Sigue teniendo resultados, pero ya no inspira.

  • Sigue mandando, pero ya no conecta.

  • Sigue decidiendo, pero ya no escucha.


Goldsmith insiste en algo esencial: el problema no es la falta de información, sino la falta de cambio conductual.


Sabemos que deberíamos escuchar más. Delegar mejor. Reconocer. Callar a tiempo. Pero seguimos haciendo lo mismo porque eso fue lo que nos trajo hasta aquí.


Y aquí aparece la paradoja: el éxito pasado se convierte en el argumento más convincente para no cambiar. Es como si la vida te susurrara: “Para seguir creciendo, tendrás que soltar justo aquello de lo que estás más orgulloso.”


Y entonces emergen preguntas que no buscan respuestas rápidas:

  • ¿Quién serías si dejaras de demostrar que tienes razón?

  • ¿Qué pasaría si tu valor no estuviera en ser el mejor, sino en hacer mejores a otros?

  • ¿Qué hábito te aplaudieron durante años… pero hoy te aleja de las personas?


3. Soltar la escalera


Volvamos al hombre de la montaña. Durante mucho tiempo creyó que el problema era la cima. Que quizá no había llegado lo suficientemente alto. Que necesitaba otra escalera, más grande, más sólida, más ambiciosa.


Hasta que comprendió algo sencillo y doloroso: no necesitaba otra escalera. Necesitaba soltar la que ya no servía.


Goldsmith no propone líderes más carismáticos ni más brillantes. Propone líderes más conscientes de su impacto. Menos preocupados por tener razón y más comprometidos con crecer por dentro.


Porque el verdadero liderazgo no consiste en repetir lo que te hizo grande,sino en atreverte a transformarte cuando eso ya no basta.


Y quizá hoy no sea el momento de aprender algo nuevo. Quizá sea el momento de preguntarte:

¿Qué conducta que te trajo hasta aquí estás listo para dejar atrás… para poder llegar más lejos?


A veces, crecer no es subir. Es soltar. 

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