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Entre el suelo firme y el vértigo: el equilibrio que decide tu futuro

  • Foto del escritor: Nacho Martín
    Nacho Martín
  • hace 3 días
  • 2 Min. de lectura

Jordi se quedó solo en la oficina cuando ya no quedaba nadie. Las luces de las tiendas se habían apagado hacía horas, pero su cabeza seguía encendida.


Durante veinte años había dirigido aquella cadena de tiendas de moda con precisión quirúrgica. Procesos claros. Resultados previsibles. Crecimiento sostenido. Certeza. Y, sin embargo, últimamente algo crujía en su interior. No era el negocio. Era él.


Foto de Freepik - Directivo - el equilibrio que decide tu futuro
Foto de Freepik - Directivo - el equilibrio que decide tu futuro

La necesidad de certeza: el suelo que nos sostiene


La certeza es esa voz interior que susurra: “todo está bajo control”. Es la necesidad de seguridad, de previsibilidad, de saber qué va a pasar mañana.


Para Jordi, la certeza había sido una aliada. Le permitió construir una empresa sólida, generar confianza, cumplir promesas. Sabía planificar, minimizar riesgos, repetir fórmulas que funcionaban.


La certeza es necesaria. Sin ella, no hay estabilidad ni foco. Pero tiene una sombra: cuando se convierte en el único motor, transforma la experiencia en rutina… y la rutina, en una jaula elegante.


La necesidad de variedad: el impulso que nos despierta


La variedad —o incertidumbre— no pide permiso. Aparece como inquietud, como curiosidad, como una pregunta incómoda: “¿Y si ya no quiero esto?”


Nuestro directivo empezó a sentirla así. En forma de aburrimiento inexplicable. De reuniones repetidas. De decisiones correctas que ya no le emocionaban.


La variedad es la necesidad de cambio, novedad, estímulo. Es la energía que empuja a innovar, explorar, reinventarse. Sin ella, la vida se apaga lentamente. Pero sin conciencia, puede convertirse en huida constante.


El conflicto: cuando una necesidad intenta silenciar a la otra


Durante semanas Jordi se debatió en silencio. Si se quedaba, conservaba la seguridad, el estatus, el reconocimiento. Si se iba, abría la puerta a lo desconocido… y al miedo.


Creía que debía elegir entre estabilidad o cambio. Entre certezas o vértigo. Hasta que entendió algo esencial: no era una elección entre dos caminos, sino una invitación a equilibrarlos.


El equilibrio: no elegir uno, sino elevar ambos


La vida —y el liderazgo— no funcionan por extremos. Funcionan por integración. La certeza nos da raíces. La variedad nos da alas.


El problema no es necesitar seguridad. Es construirla sin espacio para crecer. El problema no es desear cambio. Es buscarlo destruyendo todo lo anterior.


Nuestro directivo no necesitaba abandonar su carrera. Necesitaba transformarla. Introducir incertidumbre consciente dentro de una estructura sólida. Innovar sin romper. Delegar sin perder identidad. Explorar sin huir.


Cuando el equilibrio se vuelve decisión


Meses después, no dejó la empresa. Pero dejó de dirigirla igual. Creó nuevos proyectos. Cambió equipos. Se permitió aprender otra vez. Aceptó no tener todas las respuestas.


La certeza seguía ahí… pero ya no mandaba sola. La variedad entró como aliada, no como amenaza. Y algo curioso ocurrió: no solo volvió la motivación, también volvió la vida.


Todos somos, en algún punto, ese directivo. Todos buscamos seguridad…y todos anhelamos sentirnos vivos. La pregunta no es cuál necesitas más.Las preguntas que debes hacerte son:


  • ¿Dónde estás aferrándote a la certeza por miedo?


  • ¿Y dónde estás buscando cambio para no mirar hacia dentro?


El equilibrio no se encuentra fuera. Se construye cada día, cuando decides tener suelo firme… sin renunciar al vértigo de crecer.

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