top of page

Don Quijote no estaba loco. Estaba despierto.

  • Foto del escritor: Nacho Martín
    Nacho Martín
  • hace 4 días
  • 3 Min. de lectura

Liderazgo, coaching y la forma de ver el mundo


Introducción


Dicen que Don Quijote confundía molinos con gigantes. Pero quizá el error no fue de su vista, sino de la nuestra. Tal vez veía demasiado claro en un mundo que había aprendido a mirar poco.

En liderazgo y en coaching ocurre algo parecido: llamamos <<utopía>> a lo que exige coraje, <<ingenuidad>> a lo que nace del propósito y <<locura>> a quien se atreve a vivir alineado con sus valores.


Don Quijote no lideraba ejércitos ni dirigía empresas. Lideraba una causa. Y eso, todavía hoy, sigue siendo lo más difícil.


Este texto no es un homenaje literario. Es una invitación. A liderar como quien cabalga. A acompañar como quien escucha. A vivir —y trabajar— desde una forma de ver el mundo que no se rinde ante la comodidad.


Foto creada con IA en Canva - Ejecutivo Don Quijote
Foto creada con IA en Canva - Ejecutivo Don Quijote

1. El líder que se atreve a cambiar su forma de ver el mundo


Don Quijote decidió no aceptar la realidad tal como se la presentaban. Eligió otra forma de ver el mundo. Y eso, en cualquier época, tiene un precio.


El liderazgo auténtico no nace de los cargos ni de los manuales. Nace de una pregunta incómoda: ¿Tiene que ser así… o solo nos hemos acostumbrado?


Los líderes que transforman no son los que mejor se adaptan al sistema, sino los que detectan dónde el sistema ya no sirve. Son los que se atreven a imaginar algo distinto cuando la mayoría ha renunciado a hacerlo.


En coaching lo sabemos bien: el primer paso del cambio no es la acción, es la forma de ver el mundo. Hasta que una persona no transforma esa mirada interior, seguirá luchando contra los mismos molinos creyendo que son su destino.


Don Quijote no negaba la realidad. La desafiaba. Y ahí vive una lección esencial para  el liderazgo actual: no se trata de ignorar límites, cifras o contextos, sino de no permitir que eso sea lo único que guíe nuestras decisiones.


Un líder sin visión gestiona el pasado. Un líder que cambia su forma de ver el mundo abre posibilidades para el futuro.


2. Sancho Panza: el coach que acompaña sin apagar el sueño


Durante años se ha dicho que Sancho Panza representaba el sentido común frente a la locura de Don Quijote. Yo prefiero otra lectura.

Sancho no estaba allí para frenar a Don Quijote, sino para acompañarlo. Para recordarle el cuerpo cuando se iba demasiado a la idea. Para anclarlo a la tierra sin arrancarlo del cielo. Eso es coaching.


El coach no está para quitar sueños, sino para ayudar a sostenerlos. No para decir “eso no es posible”, sino para preguntar:¿Cómo lo harás sin perderte a ti en el intento?

Sancho caminaba al lado, no por encima ni por detrás. Dudaba, cuestionaba, a veces se cansaba… pero nunca abandonaba la conversación.


En las organizaciones ocurre lo mismo. Los líderes no necesitan aduladores ni saboteadores. Necesitan personas que, como Sancho, se atrevan a decir la verdad sin traicionar el propósito.


El coaching bien entendido no domestica al Quijote interior. Lo acompaña para que no se destruya en el camino.


3. Liderar con propósito en un mundo que premia la cordura cómoda


Don Quijote cae muchas veces. Se equivoca. Pierde batallas. Y, aun así, no renuncia a ser quien es. Ese es el punto que más incomoda al liderazgo moderno: la coherencia.

Hoy se habla mucho de propósito, pero se practica poco. Porque el propósito real obliga a tomar decisiones incómodas, a <<decir no>> cuando sería más rentable <<decir sí>>, a sostener valores incluso cuando nadie aplaude.

Don Quijote no buscaba reconocimiento. Buscaba sentido. Y por eso, aunque lo ridiculicen, nunca es pequeño.


En coaching lo vemos a menudo: personas exitosas, competentes, admiradas… y profundamente vacías. No les falta talento. Les falta una causa que dé dirección a su forma de ver el mundo.


Tal vez hoy no necesitemos menos Quijotes, sino más. Personas dispuestas a parecer ingenuas en un mundo cínico. Líderes que prefieran la dignidad al aplauso.


Porque liderar —y vivir— quizá consista exactamente en eso: en no traicionarte, incluso cuando el mundo insiste en decirte quién deberías ser.

Comentarios


Publicar: Blog2_Post

© 2025 por Nacho Martín. Creada con Wix.com

bottom of page