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Los 6 hitos de la renuncia silenciosa

  • Foto del escritor: Nacho Martín
    Nacho Martín
  • hace 2 días
  • 3 Min. de lectura

Actualizado: hace 2 días


Nadie se levanta una mañana y decide marcharse sin decir nada. La renuncia silenciosa no es un portazo. Es más bien un camino de grava, de esos que no duelen al principio, pero que con cada paso van dejando marcas en la suela… y en el alma.


El empleado no se va. Se va yendo. No abandona la empresa de golpe. Abandona primero una idea, luego una emoción, después una palabra. Hasta que un día sigue sentado en la misma silla, pero ya no está.


Este es el recorrido. No para señalar culpables, sino para reconocer huellas. Y el camino tiene seis hitos, que casi nadie ve hasta que es demasiado tarde.


Foto de Freepik - Mujer desmotivada
Foto de Freepik - Mujer desmotivada

1.  Primer tramo: las piedras de la rutina


El primer hito se llama Cumplimiento mecánico. El caminante aprende a hacer lo justo para no caerse. Llega a su hora. Cumple sus tareas. No hay iniciativa, no hay extra. Solo un silencio que sabe a rutina y un cansancio que nadie nota.


El segundo hito es Desconexión emocional. Aquí deja de doler y de ilusionarse. El entusiasmo se apaga como una vela al viento. No hay queja, no hay drama; solo la pérdida de ese calor interno que antes encendía cada proyecto.


2.  Segundo tramo: el silencio como refugio


Más adelante, el sendero se vuelve más estrecho y menos luminoso. El tercer hito es Reducción de la comunicación. Ya no habla en reuniones. Guarda sus ideas. El silencio se vuelve prudencia, autoprotección, y a veces… resignación.


El cuarto hito es Desinversión cognitiva. La mente camina en piloto automático. No anticipa problemas, no propone mejoras, no aprende. El esfuerzo mental se minimiza para sobrevivir sin gastar energía en un terreno que ya no lo reconoce.


3.  Tercer tramo: el viajero que ya no se ve viajero


El camino se abre hacia horizontes que el caminante ya no recorre con el corazón. El quinto hito es Distanciamiento psicológico. El viajero sigue presente, pero su imaginación ya se ha marchado. Sueña con otros paisajes y espacios donde sus pasos tengan eco.


El sexto hito es Salida simbólica. Aquí todavía trabaja, aún entrega resultados, aún cumple horarios. Pero la pertenencia se ha ido. La verdadera salida ocurrió mucho antes, en silencio, paso a paso, cuando nadie miraba o nadie preguntó.


Conclusión: leer el camino antes de que termine


La renuncia silenciosa no es deslealtad. Es un mensaje que no encontró destinatario. Nadie recorre este camino por gusto. Se recorre cuando no hay espacio para ser, cuando el esfuerzo no encuentra reconocimiento, cuando la palabra no encuentra eco, cuando el sentido se diluye.


Por eso, la pregunta no es: “¿Por qué la gente se desconecta?”


La pregunta es otra, más incómoda y más honesta: “¿En qué tramo del camino dejamos de caminar juntos?”.


Porque todavía hay algo esperanzador: quien se va en silencio, no se va de golpe. Mientras el camino no haya terminado, si alguien se detiene, mira a los ojos y escucha de verdad, quizá aún sea posible volver a ensanchar el sendero.


No con discursos. No con incentivos vacíos. Sino con presencia, sentido y humanidad.


A veces, liderar no es empujar hacia adelante. Es darse cuenta de que alguien camina detrás… y decidir caminar a su lado.

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