Coaching: la curva que nos enseña a avanzar
- Nacho Martín

- hace 15 horas
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Imagina que estás dentro de una cueva y quieres llegar a la salida lo antes posible. Tienes tres caminos: uno recto, uno hiperbólico que desciende bruscamente y otro que dibuja una curva cicloidea, bajando rápido primero para después atenuar la pendiente para dirigirse hacia la salida.

¿Cuál elegirías?... Probablemente, el camino recto. Porque cuando tenemos claro dónde queremos llegar, tendemos a pensar que el camino más corto será también el más rápido.
Pero la física nos cuenta una historia diferente. La curva braquistócrona —la trayectoria que permite llegar en el menor tiempo posible bajo la acción de la gravedad— no es una línea recta.
Y si observamos las tres trayectorias de la imagen, podemos encontrar una metáfora extraordinaria para el coaching.
1. No siempre el camino más corto es el más rápido
La línea recta parece la opción más lógica. Si A es el punto de partida y B es nuestro objetivo, ¿por qué no unirlos directamente? Porque la eficiencia no depende únicamente de la distancia.
En la línea cicloide, la trayectoria aprovecha la gravedad para conseguir velocidad. No busca recorrer menos; busca utilizar mejor las fuerzas disponibles.
En coaching ocurre algo parecido. Cuando alguien define un objetivo, suele querer pasar directamente a la acción: “Sé dónde quiero llegar. Solo tengo que ir hacia allí.”
Pero quizá el problema no está en el objetivo. Está en la trayectoria. A veces necesitamos desviarnos, explorar otras opciones, aprender algo nuevo o incluso alejarnos aparentemente del destino para poder avanzar después con mayor velocidad.
La línea recta puede parecer eficiente, pero también puede obligarnos a avanzar únicamente con nuestro propio esfuerzo.
La trayectoria adecuada puede permitirnos aprovechar mejor nuestros recursos, nuestras fortalezas, nuestros aprendizajes y las oportunidades que existen a nuestro alrededor.
La pregunta entonces cambia: ¿Estoy buscando el camino más corto o el camino que realmente me puede llevar antes?
2. La hipérbole: cuando confundimos velocidad con precipitación
Imagina el camino que cae prácticamente en picado al principio y después continúa casi en horizontal. Es una trayectoria que busca ganar velocidad inmediatamente.
En nuestra vida hacemos algo parecido. Queremos cambiar y queremos hacerlo ya. Tomamos decisiones precipitadas. Saltamos directamente a la acción. Abandonamos un proyecto porque no funciona como esperábamos. Aceptamos una oportunidad sin preguntarnos si realmente encaja con nosotros.
Nos lanzamos hacia abajo porque pensamos que cuanto más rápido empecemos, antes llegaremos. Pero velocidad no siempre significa progreso.
Podemos movernos muchísimo y, sin embargo, no acercarnos realmente a nuestro objetivo. Es como correr sin haber decidido hacia dónde.
En coaching, esta trayectoria me recuerda a las personas que buscan soluciones antes de haber comprendido bien el problema. Acción sin consciencia.
La pregunta que debe hacerse el coachee tal vez no sea “¿Qué puedo hacer ya?”, sino “¿Qué necesito comprender antes de actuar?”
A veces, detenerse unos minutos no es perder velocidad. Es evitar recorrer kilómetros en la dirección equivocada.

3. La braquistócrona: a veces hay que descender para poder avanzar
Aquí aparece lo más sorprendente. La curva braquistócrona empieza descendiendo. No es un error de la trayectoria. Es precisamente lo que permite ganar velocidad.
En nuestra vida también existen momentos en los que parece que estamos bajando: reconocer que no sabemos, pedir ayuda, aceptar un error o perder el control.
Desde fuera puede parecer que estamos retrocediendo, pero quizá estamos haciendo algo diferente: estamos acumulando energía para avanzar.
Porque crecer no siempre significa subir. A veces significa descender lo suficiente para tomar impulso.
Y aquí aparece una de las grandes paradojas del coaching: el movimiento que aparentemente nos aleja del objetivo puede ser precisamente el que nos permite llegar antes.
Un cambio profesional puede comenzar por reconocer que no sabemos qué queremos. Un proceso de liderazgo puede comenzar por aceptar nuestras propias limitaciones. Un emprendimiento puede necesitar primero una etapa de aprendizaje, prueba y error. Una decisión importante puede requerir detenerse antes de avanzar.
No todo descenso es una caída. A veces es el inicio de una trayectoria diferente.
Conclusión: encuentra tu trayectoria
La metáfora de la cueva nos deja tres formas de enfrentarnos al camino. La recta nos muestra que lo aparentemente más corto no siempre es lo más eficiente. La hipérbole nos recuerda el riesgo de confundir velocidad con precipitación.
Y la curva braquistócrona nos enseña que una trayectoria aparentemente más larga puede llevarnos antes a nuestro destino cuando sabemos aprovechar las fuerzas que tenemos a nuestro favor.
El coaching no consiste únicamente en ayudarte a decidir adónde quieres llegar. También consiste en explorar cómo quieres llegar.
Quizá no necesitas correr más. Quizá necesitas cambiar de trayectoria. Porque a veces avanzar significa actuar. Otras veces significa detenerse. Y algunas veces significa incluso bajar para poder tomar impulso.
La pregunta poderosa podría ser: Si dejaras de buscar el camino más corto y empezaras a buscar el camino que mejor aprovecha tus recursos, ¿qué cambiarías?
Porque a veces, para llegar antes… hay que dejar de ir en línea recta.




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