El ROI del coaching: la inversión que viene multiplicada por 7
- Nacho Martín

- 17 nov
- 3 Min. de lectura
A veces creemos que crecer es apagar una vela y encender otra. Pero el verdadero crecimiento no se compra: se cultiva.
El coaching es esa tierra fértil donde una persona planta una intención y, con preguntas, espejo y acompañamiento, crece en dirección a su mejor versión. Y no es sólo poesía: los números lo confirman. Cuando las organizaciones y las personas apuestan por ese cultivo, la cosecha es tan tangible que hasta los economistas sonríen.

1. Lo que miden las cifras: retorno directo y tangible
Cuando una empresa invierte en coaching no está comprando horas de conversación: compra rendimiento.
El “Global Coaching Client Study” de la International Coaching Federation (2009) nos dice que el 86 % de las empresas recuperaron su inversión en coaching, y que la mediana del retorno fue 7 veces lo invertidoç.
El clásico estudio “Executive Briefing: Case Study on the Return on Investment of Executive Coaching” de MetrixGlobal LLC (2001) halló un ROI del 788 % en programas de coaching ejecutivo, además de un mejora del 53 % en productividad y del 48 % en calidad del trabajo.
Y según “Maximizing the Impact of Executive Coaching: Behavioral Change, Organizational Outcomes, and Return on Investment” de Manchester Inc., en un estudio con directivos de grandes corporaciones, el coaching generó un ROI promedio del 545 %, junto con mejoras en productividad, relaciones laborales y satisfacción vital.
Los números son claros: el coaching no es un gasto, es una inversión que devuelve más valor del que cuesta.
2. ¿De dónde sale ese beneficio? — Productividad, retención y liderazgo
El ROI del coaching se explica por tres palancas que se retroalimentan: productividad, retención y liderazgo.
El citado “Global Coaching Client Study” de la ICF identificó mejoras significativas en las personas que reciben coaching:
70 % de mejora en rendimiento laboral,
61 % en gestión del tiempo,
57 % en eficacia en equipos,
51 % en bienestar.
Manchester Inc. encontró además que los directivos mejoraban, en promedio:
la productividad en un 53 %,
el trabajo en equipo en un 67 %,
las relaciones con sus superiores en un 77 %.
Cuando una organización mejora el liderazgo y el bienestar de sus equipos, mejora también su cuenta de resultados. El coaching transforma la cultura desde dentro: líderes más conscientes generan equipos más comprometidos… y los equipos comprometidos generan negocios más rentables.
3. El ROI personal: no todo es dinero (pero mucho también lo es)
Para quien vive un proceso de coaching, el retorno no se ve sólo en una hoja de Excel. Según la ICF, el 80 % de las personas que han pasado por un proceso de coaching mejoran su autoconfianza, 73 % mejora sus relaciones y 72 % incrementa su bienestar personal. La mayoría logra también mayor equilibrio entre vida personal y profesional y una mejora sostenida en su motivación y foco.
Esa transformación interior —más serenidad, más propósito, más presencia— termina reflejándose fuera: en los resultados, en las relaciones y en la salud.Un directivo que se conoce mejor, lidera mejor. Un empleado más motivado se implica más. Y una persona más plena rinde más.
El ROI del coaching, en el fondo, es doble: crecen los números y crece la humanidad.
4. Cómo convertir la metáfora en métrica — recomendaciones prácticas
Para que el coaching deje de ser una promesa y se convierta en una evidencia, hay tres aspectos esenciales a cuidar:
Definir objetivos medibles antes de empezar (KPI individuales y organizativos).
Evaluar resultados a medio plazo (rendimiento, retención, satisfacción, bienestar).
Alinear el coaching con la estrategia del negocio (no se trata de “hacer coaching”, sino de hacerlo con propósito).
Las organizaciones que siguen este método confirman lo que las cifras ya sugieren: el coaching no sólo mejora personas, mejora sistemas. El impacto se multiplica cuando el proceso está bien diseñado, medido y sostenido por una cultura de aprendizaje continuo.
Quiero acabar este post con una metáfora. Imagina una empresa como un bosque. Algunas riegan sólo los árboles grandes; otras, riegan las raíces. El coaching no tala, no injerta milagros: riega raíces. Y las raíces bien cuidadas sostienen el bosque entero: menos caídas por tormenta, más brotes nuevos, más vida.
Según datos de la ICF, el 99 % de quienes han trabajado con un coach están satisfechos, y el 96 % repetiría la experiencia.
No es casualidad: invertir en coaching es apostar por una forma de crecimiento donde la rentabilidad se escribe también con alma. Porque cuando una persona florece, su equipo florece. Y cuando una organización florece, la sociedad entera respira mejor.






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